LA RAZÓN: Caiza D está en alerta. Sus aulas tienen cada año menos alumnos. Sus viviendas albergan cada año menos habitantes. En el municipio potosino de la provincia José María Linares, la resignación es el común denominador. “Hace tres años había 3.000 estudiantes matriculados, ahora solamente son 2.484 en las 32 escuelas de la región”, se lamenta el director distrital de Educación, Corsino Yapu, quien no duda al identificar a la culpable: la contaminación minera.
La preocupación y la emigración en ese confín del este de Potosí igual atañe a las comunidades de La Lava, Canutillos y Colavi. Todas están en emergencia por la polución del río Colavi, que desemboca en el río Pilcomayo que serpentea también por Chuquisaca y Tarija, hasta Argentina y Paraguay. “Las familias están abandonando los pueblos porque la tierra ya no es fértil y por los problemas de salud al consumir agua contaminada”, resume Alfredo Bautista, encargado del colegio 21 de Septiembre, en La Lava, aproximadamente a 50 kilómetros de la Villa Imperial.







