jueves, 23 de octubre de 2014

MINERÍA EN TIERRAS BAJAS

LA RAZÓN: Actualmente la contribución de la minería a la economía boliviana está en torno al 6% del Producto Interno Bruto (PIB). Tradicionalmente este sector ha representado uno de los pilares de la economía nacional desde tiempos coloniales. Cuando nos referimos a minería, automáticamente pensamos en los departamentos de Potosí y Oruro. Sin embargo, durante los últimos años la actividad minera ha incursionado fuertemente en la región de las tierras bajas del país, particularmente en el departamento de Santa Cruz.
La información actual respecto al potencial minero en Santa Cruz está orientando a las políticas de fomento del Estado para intensificar esta actividad, a fin de explotar importantes yacimientos de níquel, depósitos de fosfatos uraníferos, complejo carbonatítico, estaño, hierro y manganeso. La reserva estimada de estos dos últimos minerales asciende a 42.000 millones de toneladas, localizadas en la región del Mutún. Con este yacimiento se pretende proveer de hierro al país, a tiempo de complementar la industria siderúrgica
 nacional.
No obstante, si la forma de explotación minera continúa con las prácticas tradicionales, se prevé impactos considerables sobre el medio ambiente y la población local. Los yacimientos de extracción actual y potencial de la minería se localizan en áreas de alta vulnerabilidad, cuya intervención podría profundizar el déficit hídrico, principalmente en la Chiquitanía y en el Chaco. Estos impactos asociados a los efectos del cambio climático podrían provocar serios problemas medioambientales y sociales, considerando que el insumo principal para la minería es el agua.
Resulta crucial internalizar los costos ambientales de la actividad minera y evaluar los impactos sobre los ecosistemas predominantemente forestales y las funciones ambientales que éstos cumplen. Además, se deberían evaluar los modos de explotación, las condiciones laborales, las medidas de mitigación de impactos, los medios de vida de las poblaciones locales y la distribución equitativa de ingresos. No basta con mirar las estadísticas acerca de la contribución al PIB o el incremento de los precios a nivel internacional para evaluar los costos/beneficios de la minería, sobre todo tomando en cuenta que el crecimiento económico no necesariamente significa desarrollo.
El sector minero es uno de los sectores de interés nacional. Como sociedad tenemos la obligación de asumir conductas individuales y colectivas que nos permitan alcanzar un desarrollo integral, que considere efectivamente los impactos socioambientales de la minería sobre las tierras bajas.

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